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Concurso de historias del Día de Muertos -Zenda

#DíadeMuertos

 

 

                                                            “Ahorita

 

            María Guadalupe apenas probó la sopa. El llanto desconsolado de la joven cobijada detrás del panel quitaba el hambre a cualquiera. Aunque en honor a la verdad la inapetencia se debía al inminente encuentro con su estimada Calanca. No era temor, pero la cercanía del momento conducía a un inevitable encogimiento del estómago. La habitación entera olía a pollo hervido, al vinagre rebajado tan propio de la morfina y a la demolición de dos vidas ajenas.  Aquella mañana, entre esas cuatro paredes alicatadas de blanco cuya única ventana regalaba el azul añil del Mediterráneo, María Guadalupe se sentía más fuerte. Una vez leyó que ese postrero resurgir era la última mentira que la vida se permitía. Estaba escrito en algún lugar que noviembre sería su último mes en la tierra, una ironía más para esa mujer de sangre caliente. Ella, que había nacido en pleno agosto y en Hermosillo, una de las ciudades más habitadas de México, ahora preparaba su despedida en una gélida habitación de hospital barcelonés con vistas al mar. El sollozo de la joven no cesaba. La de asignaturas prescindibles que nos imponen, pensó María Guadalupe. Para ella resultaba incomprensible que el ser humano insistiera en hallar otros planetas a los que aniquilar y sin embargo se ignorara el proceso de la muerte. La joven que sufría al otro lado del delgado biombo merecía una explicación. María Guadalupe se armó de fuerzas y con el tiento debido se alzó de la cama ayudándose de la barandilla que la escoltaba. Su cuerpo escuálido, que apenas alcanzaba los 42 kilos, no era impedimento suficiente, todavía, para frenar a esa energía interna con la que había cohabitado durante 88 años. Arrastró consigo el trapecio metálico y con ruedas que sostenían las dos vías insertadas en uno de sus brazos, y atravesó aquella frontera que impedía ver el dolor ajeno pero no escucharlo. La joven, sentada en el sillón de piel habilitado para los familiares, interrumpió el llanto al ver a la anciana apergaminada y silenciosa . Soltó la mano inerte y fría de su madre, se apoyó en el posa brazos y se incorporó con urgencia, temerosa de que aquella anciana con patas traslúcidas se cayera desplomada. Sosteniéndola por un codo la invitó a que regresara a su cama.

 

            –No te preocupes por mí – dijo María Guadalupe – Vengo a calmar tu pena.

 

            La joven achinó su mirada entelada y sopesó por un instante si aquella mujer se encontraba en condiciones de hablar. Los ojos de la anciana, glaucos y despiertos, parecían reivindicar un voto de confianza a pesar de que aquella carcasa ya no los acompañara. Si la joven hubiera conocido a María Guadalupe 50 años atrás hubiera rogado a los cielos parecerse a ella. La muchacha acercó con tiento el sillón y auxilió a la anciana a que se acomodara. María Guadalupe recibió como música celestial el reflejo de un sol invernal sobre el mar, dibujando una pátina refulgente y rojiza.

 

            –¿Y cómo se supone que va a calmar mi dolor, señora?

 

            La anciana devolvió su atención en aquella joven ávida de un calmante emocional.

 

            –¿Es tu madre?

 

            La joven asintió y apretó los labios para contener un llanto que parecía inevitable.

 

            –En México solo tenemos una certeza. ¿Sabes cuál es? – la joven negó con la cabeza, atenta – Que no todo termina aquí, mihijita.

 

            –Ya – dijo la joven, decepcionada.

 

            –¿Alguna vez escuchaste lo que es una experiencia cercana a la muerte?

 

            La joven asintió y después emitió un suspiro.

 

–Hace 40 años yo tuve una.

 

–Disculpe señora pero… Lo cierto es que no creo en esas cosas. Tengo una mente demasiado científica.

 

–Mejor. Porque es la ciencia la que defiende que la memoria no reside en el cerebro. Si no… –La anciana tuvo que tomar aire. Su hígado, reivindicaba en forma de pinchazo el papel de asesino. Recuperó el resuello, regaló una sonrisa tranquilizadora a la joven y continuó – Si no cómo explicas que una persona con muerte cerebral durante tres minutos pueda recordar lo que ha vivido en ese lapso de tiempo.

 

La joven se encogió de hombros pero seguía negando con la cabeza y un escalofrío le recorrió todo el cuerpo. La habitación escupía frío y soledad.

 

– La memoria habita en el corazón, mihijita. Tú que defiendes a la ciencia deberías saber que se han hallado neuronas en el corazón – la joven sonrió por primera vez y es esa memoria emotiva la que nos acompaña en el viaje. Porque esto es la muerte, el billete de vuelta de un viaje, nunca un final.

 

La anciana se dio por satisfecha ante la benévola evolución que había sufrido el gesto de la joven. Alzó la mano, trémula, y se dejó ayudar para incorporarse.

 

–Tengo un largo viaje por hacer y todavía no me he preparado la maleta de mis sentimientos.

 

–Gracias , señora .

 

La anciana asintió satisfecha y retomó su lánguido paso. Antes de encarar el camino hacia su lecho, se detuvo y volvió a mirar a la joven.

 

 – Todo llega mihijita, y 88 años no son nada, así que prueba de gozar de esta primera parte del viaje, del ahorita. Piensa que en cuanto tu madre se marche, quedará menos para volveros a ver.

 

María Guadalupe se acomodó en la cama de manera que el dolor intercostal fuera más ameno. Pero el dolor es terco y le gusta el protagonismo. Una vez logró acallar al hígado con bellos recuerdos de su vida , concilió el sueño. De una neblina edulcorada con rancheras y niños vivarachos jugueteando con sus calaveras vestidas y alegres, emergió el rostro afable del Doctor Juan, su padre. Mihijita, le decía al tiempo que le acariciaba el pelo de chiquilla , tratando de aplacar el dolor por la pérdida reciente de su madre: “Una vez leí un texto jesuita en el que decía que intentar comprender la otra vida es como para el renacuajo intentar entender a la rana.” Y de improviso la anciana de ojos glaucos y ahorita apagados, sonrió.

 

 

Premio Letras del Mediterráneo a la mejor novela negra 2018 para "GOLPES"

Cuando escribí GOLPES y me entrevistaba con el personaje real que inspiró la historia, no fueron pocas las veces que compartimos un café y el Mediterráneo, sentados en la terraza del Hotel Voramar de Benicásim. Ayer, al recoger el galardón Premio Letras del Mediterráneo junto a mi Editor y amigo Ilya Pérdigo, pensé que la distancia entre un sueño y la realidad a menudo es más corta de lo que uno calcula. Y es que los sueños, cuando se persiguen con la pasión que requieren, te...són y alegría, se convierten en materia, puedes tocarlos, olerlos y remolonearte alrededor de ellos. Gracias a Alfa por la historia que me regalaste , a la Editorial Alrevés por creer en mí y a la organización del Premio Letras del Mediterráneo por hacer las cosas tan bien. Escribir una novela es un viaje para el escritor con miras a convertirse en otro para el lector, y ayer todos viajamos juntos a través de las letras. Y siempre, siempre, gracias a vosotros que leéis mis historias y las hacéis vuestras.

"TRES MINUTOS DE COLOR" Finalista al Premio Novela Negra de CARTAGENA NEGRA

De nuevo feliz al constatar que "Tres minutos de color" tiene aun mucho que decir.

 

Gracias Cartagena Negra por contar con ella!

 

https://www.laopiniondemurcia.es/descubre-fds/2018/07/09/premio-novela-c...

"TRES MINUTOS DE COLOR" Finalista al Premio Tormo Negro de las Casas Ahorcadas de Cuenca

 

 

Las primera de las nominaciones como finalista de "Tres minutos de color" siempre es motivo de felicidad, a ver qué pasa!!

 

http://casasahorcadas.blogspot.com/2018/06/finalistas-del-viii-tormo-neg...

 

 

PREMIO LETRAS DEL MEDITERRÁNEO MODALIDAD NOVELA NEGRA

Sí, es cierto. Hoy se ha hecho oficial. Soy uno de los escritores galardonados con el premio Letras del Mediterráneo otorgado por la #DiputacióndeCastellón a la mejor novela negra. Es un honor ver mi nombre junto al de las compañeras también premiadas y de tanto renombre. Felicidades a todas ellas. La novela saldrá publicada por la Editorial Alrevés la primera semana de mayo, está basada en un hecho real y se centra en los efectos que conllevan una pérdida de identidad y de lo poco que cuestionamos la información que recibimos. Ya hay título pero todo a su tiempo. Gracias a tod@s aquell@s que recibirán la noticia con una sonrisa.

Casa del Libro recomienda "Tres minutos de color"

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